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Perú. Episodio IV. Huacachina, Ica.

Oasis de Huacachina

En una galaxia muy, muy lejana…

Nuestras Jedi Madián e Irene siguen su ruta por el planeta peruano. Tras los episodios anteriores, en los que visitaron la ciudad de Lima, la Reserva Nacional de Paracas y las Islas Ballestas, llegan a Huacachina, un oasis en pleno desierto.

Son las 11 de la mañana y las chicas están en la estación de naves de Cruz del Sur esperando a que llegue la suya. A lo lejos, les saluda R2-CDO, el droide que el día anterior les hizo la visita por la Reserva. Pasan los minutos y desde las taquillas les indican que la ruta va con retraso.

Ya casi las 12 suben a la nave que les llevará hasta Ica. Están deseando llegar porque saben que hoy les esperará un día muy divertido, ¡aventura en el desierto!

Sobre las 13:30 están ya en la estación de Ica. Rápidamente van en busca de la Lanzadera 81572 que las llevará por diez monedas, precio establecido, a Huacachina. Son pocos kilómetros los que separan los dos lugares pero las carreteras son pésimas. Según les comenta el droide conductor de la nave taxi, la calle principal está en obras y tienen que ir rodeando. Poco a poco se van acercando a su destino. Se nota porque ya se van viendo las dunas de arena en la que está inmerso el oasis de Huacachina.

Bonito oasis
Oasis de Huacachina
cusqueña
Cusqueña en una terracita

Llegada al oasis de Huacachina.

La nave las deja en su alojamiento, donde dejan su equipaje y contratan la excursión en buggy que les llevará por el desierto. Cuesta 40 monedas e incluye el paseo en buggy por las dunas, hacer sandboard y una botella de agua. Además, invitan a un pisco sour, bebida típica de este planeta, al finalizar. La actividad comienza a las 15 horas, por lo que deciden ir antes a comer.

El oasis está lleno de restaurantes con terraza. Las chicas tenían mirado uno recomendado en lo blogs y deciden apostar por él. Tampoco tienen mucho tiempo para estar eligiendo. El Nuna Pizza se encuentra casi al final del oasis y tiene unas bonitas vistas. La música y el ambiente acompañan a relajarse. Piden unas pizzas que tardan bastante en traer, pero que están muy buenas. Las acompañan con una Cusqueña y disfrutan del momento.

Aventura por el desierto.

Se aproxima la hora de la excursión y las Jedi vuelven hasta el alojamiento, llamado El Boulevard. De camino, les ofrecen realizar al atardecer una cata de vinos y piscos de la zona por 25 monedas. Las chicas aceptan. Les habían dicho que a partir de las 6 de la tarde la zona se queda muerta. De hecho, hay gente que se va esa misma tarde hacia Nazca. Con la cata, tendrían toda la tarde ocupada.

Como ya viene siendo habitual en el planeta peruano, la actividad comienza con retraso. Cuando llegan, aún están preparando el buggy en el que montarán 10 personas mas el droide conductor. Las chicas se ponen las primeras, quieren vivir la experiencia al máximo.

  • Consejo: llevar pantalón largo. También gafas de sol y si es posible braga del cuello. A la velocidad del buggy la arena puede picar un poco pero, sobre todo, para el sandboard.

Comienza la aventura y el buggy sale disparado por las dunas. La velocidad las pilla por sorpresa y el droide no tiene piedad con las curvas, cuestas y lo que se ponga por delante. El movimiento de la nave es tal que es imposible hacer fotos. No pasa nada, ¡lo están disfrutando a tope!

buggy
El buggy
Salta
¡Salta!

¿Quién se atreve con el sandboard?

De repente, y cuando más rápido parece que van, el buggy frena en seco en el borde de la caída de una duna. Las ruedas delanteras tienen la mitad en el aire. Lo primero que piensan las Jedi es que el droide se ha equivocado de camino… ¡menos mal que ha frenado a tiempo! Pero no, las hacen bajar y coger una tabla de sandboard. “Tenéis que tiraros por ahí. Os espero abajo”. La cara de todos los que allí estaban era de “este está loco, ¿cómo vamos a tirarnos por ahí?”.

Pues sí, lo hicieron. Aunque costó que se lanzara el primero, los demás fueron rápidamente detrás y… ¡alucinante! ¡Les encantó! Fue una experiencia única sentir la velocidad sobre la arena. Una vez lanzadas las diez personas, el buggy baja y las recoge. Subien de nuevo y se ponen camino a otra duna más inclinada aún. Pero ya no había dudas. Todos quieren lanzarse sin pensárselo dos veces. Y se repite la misma jugada.

sandboard
En la sombra se ve la inclinación por la que nos lanzamos con la tabla

Atardecer en las dunas de Huacachina.

Montan de nuevo en el buggy, a toda velocidad, subiendo y bajando dunas. Habían hecho todo el recorrido prácticamente solos. Parecía que las dunas eran solo de ellos. Hasta que llegaron al punto de encuentro para ver el atardecer. Precioso si no llega a ser por eso mismo, la masificación de gente. Aún así, todo está prácticamente en silencio y se respiraba tranquilidad. Fotos, fotos y más fotos hasta que el sol desaparece.

Vemos atardecer en Huacachina
Atardecer en Huacachina
Atardecer en Huacachina.
Atardecer en Huacachina.

La última parada es en lo alto de una duna con vistas al oasis. Como pasaba en la otra, es difícil que las Jedi puedan hacerse alguna fotos sin gente alrededor, pues todos terminan su ruta allí. Tras unos minutos disfrutando del paisaje y haciendo fotografías, todos vuelven al buggy para que les lleve de vuelta El Boulevard, donde probaría el pisco sour. ¡A las chicas les gustó bastante!

Oasis de Hucachina
Oasis de Hucachina

Una de cata de vinos.

Sobre las 18:30, las Jedi ya estan preparadas para la segunda actividad del día. ¡Se van de cata de vinos! Montan en una nave furgoneta con cuatro chicas más, ninguna de la zona. Ya es de noche cuando salen de Huacachina. Pensaban que las bodegas no estarían muy lejos pero se equivocan. Pasaros los minutos y los kilómetros y no parecen llegar. Las chicas se empiezan a extrañar. Ya habían pasado Ica. ¿Dónde están las bodegas? Tras una media hora (con un último tramo con un poco de inquietud) llegan a la primera.

En la parte del bar, los dueños de la primera bodega les muestran diferentes tipos de vinos y piscos, explicándoles cuándo se toma cada uno y se los dan a probar a modo de chupito. Después, y como era de esperar, se los intentan vender.
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Tras esto, suben de nuevo a la nave y se dirigen a la segunda bodega. Esta vez el trayecto dura bastante menos. Aquí todo es mucho más raro. La guardia imperial de la bodega pone pegas por entrar. El droide que nos lleva tuvo que negociar el tiempo que pueden estar dentro. Tras cruzar unas palabras consiguen entrar, con la guardia pisándoles los talones todo el tiempo. En esta bodega sí que beben pisco sacado directamente de los barriles. Ven cómo lo almacenan e, incluso, cuáles se pueden mezclar para suavizarlos, pues para las Jedi algunos son demasiado fuertes.

Pasado un tiempo, La Guardia Imperial insiste en que es hora de que se marchen. La bodega da a una especie de discoteca en la que solo te puedes quedar si pagas entrada. Nuestras Jedi estan más por la labor de irse para Huacachina, pero como el resto de la tripulación quiere quedarse un poco más, acceden. Compran una garrafa de pisco y, en un bar se disponen a bebérsela. Las Jedi apenas beben, ya habían probado suficiente.

Sobre las 9:30 de la noche, las jóvenes Jedi ya estan en su habitación. Toca descansar tras este agitado día. Mañana tocará Nazca y sobrevolar sus líneas.

¡Que la fuerza te acompañe!

Dunas
Dunas

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Lima  Reserva Nacional de Paracas

islas Ballestas

About Irene Saiz Olivares

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2 comentarios

  1. Deseando leer la siguiente entrega!!!!! Me encanta recordar nuestro increíble viaje!!!!

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