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Le piton de la Fournaise, la joya de la Isla de la Reunión.

Seguro que muchos estamos rodeados de montañas que hace miles o millones de años eran volcanes activos. Pero, ¿y si el volcán a cuyo cráter ascendemos estuvo activo por última vez hace tan solo dos meses? Así es, Le Piton de la Fournaise entró en erupción por última vez el 26 de mayo de 2016. Guauuuu, la primera pregunta que le hicimos al chico de la oficina de turismo fue “¿cuándo puede volver a echar lava?” “En cualquier momento” fue su respuesta… Pero no, ya anticipo que no hubo suerte y lo vimos más en frío y mojado que en caliente y quemado…

¿Cómo llegar al Piton de la Fournaise?

El parking más cercano para empezar la ruta de ascenso al cráter se encuentra en Pas de Bellecombe, pero llegar hasta aquí no es nada fácil… No diría que es más complicado que el ascenso al volcán andando… ¡pero casi! Jajaja. Las carreteras N1 y N2 son las que rodean la isla y la N3 la que la atraviesa desde St-Pierre a St-Benoit. Esta última es la que hay que coger. Es, gran parte de ella, una carretera nacional con alguna que otra curva y unos paisajes muy chulos en la parte más al norte.

Hacia la mitad de la carretera se encuentra Bourg Murat, pueblo del que sale una carretera bien señalizada hacia el volcán. Esta carretera está repleta de curvas en cuesta arriba. Nosotras, que íbamos con un coche pequeño y con las maletas nos vimos negras para que el coche subiera… Si os es posible, al alquilar el coche, coged uno que tenga algo más de motor… Esta carretera tiene unas vistas preciosas y hay varios miradores para poder parar y admirar el paisaje. Consejo: si queréis parar, no lo dejéis para la vuelta, pues puede estar tan nublado que no se vea nada, como nos pasó a nosotras. De hecho, cuando volvimos, tuvimos que hacerlo muy despacio porque en parte del trayecto la niebla, o la nube permanente que llevamos todo el viaje encima, no nos dejaba ver ni tan siquiera la carretera.

Tras la larga serie de curvas y cuestas, llegamos al punto más alto, donde comenzamos a descender de nuevo. Desde aquí, se ve el tramo de carretera que nos queda y el volcán (si la niebla lo permite). Cuatro o cinco curvas, esta vez hacia abajo, un pequeño tramo de carretera asfaltado y entramos en “la huevera”, como lo hemos llamado nosotras. Es un terreno de tierra sin asfaltar lleno de baches donde toda una hilera de coches tratan de pisar los menos posibles. Este tramo se hace un poco pesado, pero a los pocos kilómetros estarás ya en el parking de Pas de Bellecombe.

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Tras las cuestas, comenzamos a descender. Aquí te aprecian las curvas hacia abajo y “la huevera” al fondo.
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Una odisea atravesar los pocos kilómetros que nos separan del aparcamiento. Aquí, “la huevera” en su esplendor.

Nuestra experiencia en Le Piton de la Fournaise.

Cuando bajamos del coche la niebla envolvía todo el ambiente. No se veía nada, ni siquiera hacia dónde estaba el volcán. Hicimos una paradita en los aseos (también hay un restaurante) y nos dirigimos hacia donde iba todo el mundo.

El trayecto comienza con unos pocos metros de camino de tierra, donde están las señales informativas sobre los diferentes trayectos que se pueden hacer, aunque prácticamente todo el mundo sube hasta el cráter de Dolomieu, que es el principal.

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Mapa informativo del volcán. El camino lila es que el lleva al cráter Dolomieu

Tras esto, atravesamos una puerta de verja que es la que prohíbe el acceso al volcán cuando entra en erupción. Si el volcán está activo o se detectan los movimientos sísmicos que preceden ala erupción, solo se puede ver desde ahí. El resto del días permanece abierta (dentro de un horario establecido) y da a una graaaaaan cantidad de escalones que llegan a la parte baja del volcán. Mientras los bajaba iba penando “madre mía, y después de 5 horas de trayecto tendré que volver a subirlos…” Jajaja. Mientras bajas los escalones se puede ver parte del recorrido que haremos para llegar al cráter, así como un pequeño cono volcánico por el que pasaremos cerca y que podremos subirlo.

Una vez abajo empieza la verdadera ruta. Al poco de empezar a andar, nos encontramos con Formica Léo, el cono volcánico mencionado anteriormente. Puedes subir hasta arriba sin ninguna dificultad. Aquí es donde se bifurcan las diferentes rutas a seguir. La que sigue en línea recta es la que lleva al volcán. Se puede apreciar algo de vegetación, eso nos indica que en las últimas entradas en erupción la lava no llegó hasta aquí.

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Cono volcánico Formica Léo desde los escalones para bajar al comienzo de la ruta.
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Formica Léo un poquito más cerca.

Ahora sí que empieza la ruta de verdad. Una dos horas y media nos separan de la cima del volcán y el paisaje es alucinante. Nada que ver con los vistos en el resto de la isla, tan verdes y llenos de vegetación. Aquí no hay apenas intentos de plantas por sobrevivir, todo es rocoso. Pero espectacular. Parece que estás en otro planeta. Vamos, yo nunca he estado en otro planeta, claro, pero me lo imagino así. Muchas rocas volcánicas, algunas en forma de pequeñas montañas y lenguas de lava que solidificaron de diferentes formas.

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Camino al cráter Dolomieu. Si os fijáis bien, se pueden ver personas, para hacerse una idea de la magnitud.
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Así quedó solidificada la lava en una de sus erupciones.

Andamos un ratito más y nos topamos con una mini montaña de rocas, la Chapelle de Rosemont. Durante los 3 años seguidos a la última gran erupción (en 2007), el paso a partir de aquí permaneció cerrado. Ahora ya se puede continuar, siempre siguiendo las marcas blancas pintadas en las rocas, muy importante, sobre todo en los días de niebla. Si no, te puedes llegar a desorientar fácilmente.

 

 

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La Chapelle de Rosemont. Hasta aquí se podía llegar hasta hace apenas unos años.

Una hora aproximadamente nos separaban de la cima y la niebla no cesaba… No se veía el volcán ni siquiera a lo lejos. Llovía bastante y ya el chubasquero empezaba a empapar. Yo iba calada entera. Llegamos a pensar en volvernos. Preguntamos a una pareja que venía de vuelta y no habían visto nada, pues había estado todo nublado. Pero ya allí, tan cerca, ¿cómo lo dejas? Así que decidimos continuar.

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Señal de que has llegado a la cima.

Y, tras más de dos horas de caminata, llegamos a la cima. Y sí, con todo nublado. Estuvimos unos minutos haciendo fotos, bebiendo agua y comiendo un poco. Cuando ya estábamos preparadas para comenzar a bajar, la nube empezó a desaparecer. Fueron apenas unos segundos para hacer unas fotos. Y la nube volvió de nuevo. Decidimos esperar un poco más, a ver si había suerte de nuevo y se volvía a despejar. A los pocos minutos, la niebla desapareció otra vez y esta vez nos dejó unos minutillos para poder apreciar la grandeza del cráter. Había una parte delimitada con una línea blanca que se supone que no puedes pasar… pero nadie puede resistirse asomarse un poco más. Unas cuantas fotos más y de nuevo todo en blanco. Esta vez, espesa, espesa, así que decidimos comenzar a bajar. También porque íbamos caladísimas y cuando el sol se escondía tras las nubes hacían un frío que pelaba.

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Estamos al borde del cráter.
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La nube nos respetó un poquito y nos dejó asomarnos…

La vuelta fue mucho más relajada. Nos encontramos con una pareja francesa con la que habíamos coincidido en el Refugio del Piton des Neiges y vinimos hablando con él casi todo el camino. Aunque seguía lloviendo, el sol salía un poco más que a primera hora de la mañana. De vez en cuando volvía la vista y esta vez sí que divisaba el volcán a lo lejos. Y, tras dos horas de caminata, llegamos a los empinadísimos escalones. Poquito a poquito y pasito a pasito conseguimos llegar hasta la zona del aparcamiento. De vez en cuando, la niebla dejaba paso al sol y se venía le Piton de la Fournaise a lo lejos. Inmenso. Parecía mentira que viniésemos de allí. Parecía mentira que apenas dos meses atrás estuviera en erupción.

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Vista del Piton de la Fournaise. ¡Hasta su cima llegamos!

About Irene Saiz Olivares

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