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Descubriendo Chicago

Para empezar, por el principio, claro. Y es que el sentido de la Ruta 66 era cruzar de Chicago a Los Ángeles por la carretera más antigua que une las costas de Estados Unidos. Así que es en Chicago donde empieza nuestra aventura. Más concretamente en la calle Adams. Y guauuuu, ¡qué sorpresa de ciudad! Con permiso de Nueva York, ¡la más espectacular de Estados Unidos! Nosotros dedicamos dos días enteros, pues el objetivo en realidad no era profundizar en la ciudad, pero, de haberlo sabido, hubiéramos pasado unos cuantos más.

Sabemos que EEUU no presume de buena y variada gastronomía, pero es que a nosotros nos encanta esta de hamburguesas, pizzas, perritos… así que disfrutamos como niños. Por eso, lo primero que hicimos nada más pisar territorio americano y para empezar con buen pie, fue irnos a cenar a la pizzeria Gino´s, famosa por sus pizzas “deep dish” ¡Atención! Las raciones son “modo USA” (fijaros en la profundidad en la foto). Menos mal que íbamos prevenidos porque, aún así, nos sobró comida…

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Pizzería Gino´s. Hay varias por toda la ciudad.
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Pizzas de la pizzería. Vaya pintaca, ¿eh?

Empezamos por los parques…

Una vez hecha la boca agua… vamos con cositas que nos molaron de la ciudad. ¿Qué ver en Chicago? Para empezar, sus dos preciosos parques, Grant Park y Millenium Park. Al sur del primero, se encuentra la zona de los museos Field Museum de Historia Natural y el Adler Planetarium y unas vistas preciosas del lago Michigan y del skyline de Chicago. Entres o no a los museos, vale la pena el paseíto por las orillas del lago con los rascacielos al fondo. En el segundo, la famosa alubia que ha aparecido en tantísimas películas. Si eres de fotos, aquí pasarás un buen ratito sacándole mucho jugo a The Bean. Además, en este parque hay un auditorio al aire libre. Sí, sí, habéis leído bien. Es espectacular. Mucho ambiente, gente haciendo deporte, comiendo en los jardines y niños, ¡muchos niños!

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El lago Michigan y los rascacielos de Chicago al fondo.
Descubriendo Chicago
Descansando en Grant Park
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The Bean. Lo mejor, el reflejo de los edificios.

¿Y si hablamos de béisbol?

Aparte de viajar, otra de mis pasiones son los deportes, así que aprovecho cada ocasión que tengo para conocer un estadio de algún equipo de la ciudad. Esta vez tocaron los Cubs, uno de los equipos de béisbol de Chicago y su estadio el Wrigley Field (al que podéis llegar con la línea roja). Pero, para sorpresa, lo mejor no fue el campo en sí, sino el ambiente e infinidad de sitios para comer y beber con terrazas a la calle que hay en la zona en día de partido. Nosotros comimos en Lucky´s (Clark St), famoso por salir en Crónicas Carnívoras. La especialidad son sus enormes sandwiches con pan francés. No, no todos pudimos acabarlos…

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En la misma calle del estadio de béisbol se encuentra el Lucky´s.
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¿Pudimos con todo? Alguno si… ¡yo no!

Alrededores del río Michigan.

Pero, sin duda alguna, lo que me enamoró de Chicago fue pasear por la orilla del río Michigan, recorriendo la Wacker Drive. En algunas zonas (parte oeste) hay bares donde venden cerveza y patatas fritas para que te sientes en la orilla del río a comer y beber. A lo español, vamos, pero con más glamour… Una  parte de la ciudad está como entre dos alturas, una a ras del río y otra por encima. ¡Una maravilla! A nosotros no nos dio tiempo, pero sí nos han contado que un paseo en barco por el río bajo los rascacielos es una pasada.

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Un descansito a orillas del río Michigan
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Cervezas y patatas es lo típico para tomar en estas terrazas.

Chicago a vista de pájaro.

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¿Seremos capaces? No,no. Compartimos los dos postres entre los cuatro.

Otra cosa que nos encanta es subir a los rascacielos.

Y es que las ciudades a vista de pájaro impresionan mucho. En Chicago, los dos miradores más famosos son la Torre Willis (se reconoce por sus dos antenas que sobresalen. Y por su gran altura, claro…) y la Torre John Hancock, con el Cheesecake Factory a sus pies, el lugar donde probaréis la mejor tarta de queso del mundo. Nosotros lo hicimos. No sé si es la mejor, pero rica, rica estaba.  

 

La Torre Willis se encuentra al suroeste del Loop. Nosotros no subimos (una vez más por falta de tiempo). Desde aquí se observan los rascacielos de alrededor.

El edificio Hancock se encuentra al norte de la Magnificent Mile. Desde aquí se puede ver el lago Michigan, los enormes edificios de la ciudad y, cómo no, la Torre Willis. Este fue el rascacielos al que subimos nosotros, con una entrada que te permitía subir dos veces, una de día y otra de noche. Las vistas son increíbles. Pero, si tenéis tiempo, la gente recomienda subir a los dos, que a Chicago no se va todos los días.

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Vistas de Chicago desde la Torre John Hancock
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Vistas de Chicago desde la Torre John Hancock
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Vistas de Chicago desde la Torre John Hancock

Cogemos energía que comenzamos la Ruta 66.

Por último, pero no menos importante, porque es el comienzo de la aventura, si empezamos la Ruta 66 aquí, es imprescindible ir a desayunar al Lou Mitchell’s Restaurant, en Jackson Boulevard, construido en 1923. Este restaurante lleva sirviendo desayunos y almuerzos a todos los viajeros de la Ruta 66 desde sus inicios y, siguiendo con la tradición, le regala a las mujeres un paquete de las famosas chocolatinas “Milk Duds”. Y una vez con el estómago lleno… ¡Que comience la aventura!

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Gran desayuno antes de empezar la gran Ruta 66.

About Irene Saiz Olivares

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