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Conquista del Piton des Neiges.

3070 metros. Que así, de buenas a primeras, se dice pronto. Pero es que llegar a la punta más alta del Océano Índico sin esfuerzo no hubiera sido lo mismo, claro. Este pico está situado en el centro de los circos de Salazie, Cilaos y Mafate, en la isla de la Reunión, territorio francés al ladito de Madagascar. Le Piton des Neiges es un volcán sin actividad desde hace 12.000 años, el punto más alto de la isla y origen de la misma.

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¿Desde dónde subir al Piton des Neiges?

Todos los caminos llevan a Roma. Bueno, en este caso, al gran Piton des Neiges. La ruta de senderos de la isla es taaaaaan inmensa que se puede empezar desde distintos sitios según el recorrido que quieras hacer. Recomiendo comprar un mapa de las rutas que venden en casi todas las tiendas de souvenirs por unos 8 euros. En él vienen muy claramente los distintos trayectos. También hay un gratuito que dan en muchos sitios, aunque algo menos completo, pero para hacer los senderos básicos vale.

Nosotras empezamos en el pueblo de Cilaos. Más concretamente en el parking de Le Bloc, situado unos pocos kilómetros. Para llegar hasta Cilaos, hay que subir por una carretera que dicen que tiene más de 400 curvas. Nosotras no las contamos, pero vaya si nos lo creemos… Y, además de curvas, túneles y vistas maravillosas.

El nivel de esta ruta está considerado como difícil ya que son unos 1700 metros de ascenso hasta la cima. Lo que se convierte en unas 10 horas para realizar todo el trayecto, contando la subida y bajada.

El día que llegamos nosotras era domingo, así que pillamos Cilaos con muy buen ambiente. Era día de mercadillo y había mucha gente por las calles. Aquí hay una oficina de turismo donde nos atendieron muy bien. La chica se encargó de llamar al Refugio para asegurarse de que teníamos la reserva hecha (no se recomienda subir sin reserva), ¿para qué? Ahora os cuento…

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Mapa del recorrido

 

¿Cómo subir al Piton des Neiges?

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Comenzamos la aventura del Piton des Neiges.

Pues están los valientes que lo hacen de una tajada… y luego estamos el resto. Jajaja. Que no, que no. La principal razón de hacerla en dos etapas es aprovechar y ver el amanecer desde la cima, no solo por lo espectacular de ver salir el sol desde tan alto sino porque la mayoría de la veces acude al poco una densa niebla que ya no deja ver nada.

Por eso, se suele hacer en dos etapas, con una parada en el Refugio de la Caverne Dufour. Pasar la noche aquí (o, mejor dicho, las primeras horas de la noche) cuesta unos 18 euros. Es un refugio de montaña en el que solo ponen la luz para cenar, el resto del tiempo tienes que ir con tu frontal. No hay duchas, solo váter y lavabo. Si quieres cena, son otros 19 euros, avisando antes de las 18:00 horas y otros 6 euros si quieres el desayuno del día siguiente.

La cena, la verdad, me pareció un poco cara para lo que te dan, arroz blanco, alubias en salsa y una especie de chorizo también en salsa. De postre yogur y un licor típico para entrar en calor. Pero claro, no solo estás pagando la cena, sino el ahorro de tener que subir la cena 1100 metros. El desayuno consiste en una bebida, leche, café o infusión y cuatro trozos de pan de molde con mantequilla y mermelada.

Y comienza la aventura, se deja el coche en Le Bloc, a 1380 metros de altitud y, a mano izquierda comienza el sendero muy bien señalizado de ascenso hacia el Piton des Neiges. Recomiendo para los menos expertos, si es que no lo lleváis ya, coger algún trozo de rama gruesa que sirva de apoyo al andar.

Nuestra experiencia.

Nuestra primera parte del trayecto, hasta el refugio, duró 3 horas y 40 minutos. Las vistas eran espectaculares cuando la nube permanente que nos seguía se apartaba un poco. Se puede ver el pueblo de Cilaos en medio de su Circo y, al estar el sol fuera y esa pequeña llovizna, también el arco iris en gran parte del trayecto. Subida, subida y más subida pero entre un entorno inmejorable.

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Vista de Cilaos cuando las nubes nos respetaban.

Esta primera parte de la subida fue la menos dura para mí. Nos parábamos cada dos por tres a admirar las vistas a echar fotos. Hay un pequeño mirador de madera desde el que observar el pueblo y una visión global del paisaje. Aún estamos debajo de a nube y el paisaje se aprecia perfectamente. Además, ¡hace un día estupendo!

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Señal en la zona de descanso.

Tras una hora aproximada de trayecto hay una zona habilitada para un descanso, con agua potable que sale de un grifo y un pequeño techado.

Nos encontramos también con la señal de que llevamos subidos ya 600 metros y los tiempos que nos quedan para llegar a nuestra meta. Aunque son orientativos, ¡a mí estas cosas me animan! Vamooooos, ¡que cada vez queda menos!

Tras una breve parada, continuamos con el ascenso, con cuidado, pues las rocas están húmedas y facilita las caídas… ¡¡que me lo digan a mí!! Y es que ya estamos a la altura de la dichosa nube y empezamos a mojarnos.

Y así, entre búsquedas de pisadas inseguras, cientos de fotos, bastante cansancio y algún resbalón, llegamos, tras algo más de 3 horas, a la zona donde empieza a divisarse el refugio, de color verde y situado casi sobre un acantilado.

Pero no está aquí todo acabado. Para mí quedaba la peor parte, es una pequeña bajada entre barro y rocas muy resbaladizas que parecía que nunca acababa!! Si no llega a ser porque sabíamos que estábamos cerca… jajaja. Y así llegamos al refugio… hasta las trancas de barro!! Pero ya a 2480 metros!!

Se recomienda llegar relativamente temprano, al menos en esta época del año (julio), pues anochece sobre las 6 de la tarde. Nosotras lo hicimos casi a las 4. Nos alojaron en una tienda de campaña con literas. Nos dieron a cada una un par de mantas, algo mojadas debido a la humedad del tiempo que hacía… así que es imprescindible el saco de dormir. Hay otras habitaciones con literas dentro del edificio. No sé en qué se basan para darte una u otra, si será el orden de llegada…

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Refugio Caverne Dufour

Llegamos reventadas, comimos un poco de lo que traíamos (pan y embutido) y nos fuimos a descansar un rato hasta las 18:30 que se sirvió la cena en el comedor. La verdad es que estaba hasta arriba, aquí hacen el agosto con la cena. Tras cenar, estuvimos un rato hablando y tanteando a la gente a ver a qué hora tenían previsto salir de madrugada. Depende de la hora a la que salga el sol, se empieza el ascenso antes o después.  Nos dijeron que al día siguiente amanecería sobre las 6:40, así que decidimos que saldríamos sobre las 4:30.

Y así fue, algo pasada la hora prevista, emprendimos la marcha, con el frontal (indispensable) y la mochila lo más ligera posible. Dejamos las cosas en el refugio para recogerlas a la vuelta. La verdad es que se hace un poco duro. Es subida, subida y subida sin apenas ver nada, solo las luces de los frontales de las personas que van por delante, y la tuya, claro jajaja.

Pero, cuando parece que no ves el fin, empieza a verse la luz del amanecer y el paisaje cambia por completo. Llevábamos casi dos horas. Empezamos a aligerar, queríamos llegar cuanto antes a la cima y ver salir el sol desde lo alto del todo. ¡Y vaya si lo conseguimos! Heladas… ¡pero lo conseguimos! Porque hacía un viento frío insoportable… Cámaras fuera y a fundir los carretes, que se diría antes, claro… jaja. Y, entonces, todo el esfuerzo, cansancio, piernas agotadas y cargadas había valido la pena. ¡Qué espectáculo! ¡Estábamos a 3070 metros! ¡Parecía que estábamos en Marte! Y el frío… daba igual. Allí estaban mis dedos helados pero que no querían bajar… hasta que ya no aguantaron más y no nos quedó más remedio.

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Primeras luces de la mañana.
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A pocos metros de la cima.
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Amanece sobre el Piton des Neiges.

Tardamos en bajar al refugio 1 hora y 40 minutos aproximadamente. Aún íbamos con el subidón, aunque se hizo algo pesado, pues el terreno era muy rocoso. Desde lo alto empezamos a ver el refugio, ¡aunque parecía que no llegábamos nunca! Cuando lo hicimos, ya había mucha gente desayunando y preparando las mochilas para bajar. Desayunamos rápido y emprendemos la dura bajada hasta Le Bloc.

Fueron casi tres horas, con menos cansancio que la subida pero más dolor de piernas. El paisaje volvía a ser maravillosamente verde. Tras un par de culazos (de los que aún tengo moratones), llegamos a la zona de descanso, comimos un poquito de fruta y bebimos agua. Apenas una hora nos separaba del final de nuestra aventura. Y así, con ayuda de mi palo y bajando de lado es como terminé el descenso del Piton des Neiges. Ya estábamos en el parking de nuevo. Eran las 12 de la mañana. Habían sido 24 horas increíbles. Por el esfuerzo, la superación y el espectáculo presenciado. ¡Conseguido!

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Vista del circo de Cilaos.

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