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Cinque Terre, el encanto de la costa italiana.

Casitas de colores mirando al mar, rutas de senderismo en acantilados, baños en las aguas del Mar de Liguria y cenas en el país de la pasta, ¿qué más se puede pedir? Todo esto (y alguna cosilla más) son las que ofrece la bonita zona de Cinque Terre, en la costa italiana.

Sonaba de maravilla pero, en cuanto empezamos a planificar el viaje, vino la primera duda… ¿cuánto tiempo deberíamos dedicarle? Buscando en blogs, los hay desde los que en un día ven rápidamente todos los pueblos desplazándose en tren hasta los que dedican cuatro o cinco días pasando algunas noches en estos encantadores lugares.

Nosotras, finalmente, les dedicamos tres días, teniendo nuestra base en La Spezia y desplazándonos desde allí todas las mañanas.

Día 1. Monterosso y Vernazza, primera ruta de Cinque Terre.

Nos habíamos alojado en Pisa, pues el vuelo llegó de noche y era lo más práctico. Es una de las ciudades más de paso que conozco. La gente suele llegar, ver la torre, fotografiarla de mil maneras diferentes y partir hacia su verdadero destino, Cinque Terre, la Toscana, Florencia…

Cogimos el tren sobre las 11 de la mañana hacia la Spezia. El billete cuesta unos 7 – 8 euros, el más el barato, y tarda 1h y 20 minutos. Hay otro un poco más caro que tarda 50. Al llegar a la estación, quisimos comprar las tarjetas de Cinque Terre, pero había una cola enorme, así que decidimos comprarlas cuando volviéramos para empezar a ruta por los pueblos. Nos dirigimos al alojamiento que teníamos contratado, dejamos las cosas y comimos en un restaurante cerca de la estación.

Sobre las 14:30 estábamos de nuevo en la estación de tren, compramos la tarjeta que incluye el pase al parque de Cinque Terre y los trenes durante 2 días por 29 euros.

Primera noche, Pisa.
Primera noche, Pisa.
Vistas desde el hotel.
Vistas desde el hotel.

Monterosso al Mare.

Es el pueblo situado más al norte. La idea era empezar desde arriba e ir bajando. Llegamos sobre las 15 horas y lo primero que nos encontramos al bajar del tren fue la playa. Aunque te puedes pegar un chapuzón en casi todos los pueblos, este es el que tiene lo que puede considerarse una playa, aunque con demasiada gente. Está taaaan llena que es prácticamente imposible dejar la toalla en las piedras para darte un baño. Sí, en las piedras, porque la playa no es de arena. Casi toda la zona está plagada de sombrillas y tumbonas de pago y solo hay un pequeño espacio libre. Más tarde, camino al pueblo, por el que hay que atravesar un túnel, descubrimos que hay otro pedazo de playa menos concurrido más al sur. De haberlo sabido antes, hubiéramos ido allí directamente.

El pueblo es muy mono. Calles estrechas llenas de tiendas y casitas de no más de 3 o 4 pisos de color pastel. La típica estampa italiana. Lo bonito de ellos es callejear y entrar a sus tiendas. Una vez recorrido, nos pusimos en marcha con la primera ruta por el sendero azul, la que va de Monterosso al Mare a Vernazza. Son 3230 metros que tardamos algo menos de 2 horas en hacer. Un recorrido precioso por la costa, aunque con mucho calor.

Callecitas
Callecitas
Pequeña plaza en Monterosso
Pequeña plaza en Monterosso
Sendero azul de Cinque Terre
Sendero azul de Cinque Terre

Vernazza.

Lo bonito de este pueblo es la vista que tienes desde arriba cuando te vas acercando. Desde que lo divisamos, fuimos parando en cada hueco entre matorrates para intentar hacer la mejor foto. Y la verdad es que las vistas son muy chulas.

Una vez abajo, era tanta la sed que traíamos, que hicimos un alto en el primer bar que pillamos con vistas al mar. Unas Peroni con el aperitivo típico italiano y a disfrutar del momento.

Las mejores vistas de Vernazza, aparte de las de lo alto en el camino, son desde el pequeño muelle que tiene. Si vas hasta el final, podrás ver la pequeña zona con arena donde dejan las barquitas y las casas justo detrás, además de la iglesia.

Este pueblecito también cuenta con una especie de torre a la que puedes subir para volver a ver Vernazza desde lo alto y unas bonitas vistas desde otro ángulo.

Anochecía ya y decidimos cenar aquí antes de coger el tren que nos llevaría de nuevo a La Spezia.

De camino a Vernazza
De camino a Vernazza
De camino a Vernazza
Desde lo alto, Vernazza
Vernazza desde el muelle
Vernazza desde el muelle

Día 2. Corniglia, Manarola y Riomaggiore, segundo día en Cinque Terre.

Corniglia

Apenas hora y media tardamos en hacer el recorrido de Vernazza a Corniglia. Aunque es un poco más corto, comienza con muchos escalones hacia arriba que lo hacen bastante cansado. Este pueblo es el único que no “toca” el mar, pues está bastante en alto.

Habíamos oído la posibilidad de pegarte un baño por la zona donde está la estación del tren, pero por mucho que buscamos no encontramos un lugar algo asequible pues, aunque llegamos a la altura del mar, no vimos ninguna zona que nos apañara…

Para llegar desde el pueblo a la estación hay un autobús (gratuito con la tarjeta), aunque si lo quieres hacer andando es posible caminando un empinado trayecto. Hacia la estación cuesta abajo, hacia el pueblo, al revés. Recomendamos siempre el autobús, aunque va hasta arriba de gente.

Quizá la mejor comida de viaje la hicimos aquí. Callejeando encontramos una bodega pequeñita donde nos sirvieron una tabla de quesos, unos platos de pasta y un buen vino hecho por el mismo dueño. El lugar tenía un encanto especial, con fotos del dueño por todas partes y un vídeo que aparecía en la pequeña tele donde también salía. Así, sin protagonismo casi. Claro, que por eso es su restaurante…

Después, un café en una terracita a la que ya le habíamos echado el ojo nada más llegar y a preparar nuestro siguiente destino.

 

Parece que estamos llegando a Corniglia.
Parece que estamos llegando a Corniglia.
Nuestro rincón favorito de descanso.
Nuestro rincón favorito de descanso.

Manarola

El resto de senderos de la ruta de las “Cinque Terre” continuaba cortado, así que no nos quedó otra que terminar nuestras etapas en tren. Volvimos a coger el autobús hasta la estación y en apenas cinco minutos llegamos a Manarola.

Parece mentira que viniendo de la zona mediterránea de donde venimos tuviéramos “mono” de baño… Y eso que yo no soy muy de playas,  pero es que cuando vimos a toda esa gente tomando el sol en la rampa por donde bajan los barcos y bañándose en esas apetecibles agua (sobre todo debido al calor), ¡no pudimos resistirnos!

Y aquí, entre sol y agua, pasamos parte de la tarde. Nos apetecía bastante unas horas de descanso simplemente observando las preciosas vistas que teníamos enfrente.

Tras este pequeño kit kat, subimos por la parte que queda a la espalda de la zona de baño, desde donde se ven las mejores vistas del pueblo. Y en lo alto hay un bar donde bien merece la pena pararse a tomar algo.

Ya de camino a la estación, en la calle principal del pueblo, probamos por fin la tan famosa focaccia de la zona. Y no, no decepciona. ¡Estaba buenísima!

¡Llegamos a Manarola!
¡Llegamos a Manarola!
Tomamos un poquito el sol...
Tomamos un poquito el sol…
¡Y un baño refrescante!
¡Y un baño refrescante!
Preciosas vistas de Manarola
Preciosas vistas de Manarola
Y hacia el mar...
Y hacia el mar…
¡A la rica focaccia!
¡A la rica focaccia!

Riomaggiore

De nuevo al tren y bajamos en la última parada de las “Cinque Terre”. Riomaggiore dicen que tiene el mejor atardecer de todos y no nos lo quisimos perder. No dudamos ni un momento de cuál era el mejor lugar para ver la puesta de sol, pues ya estaba hasta arriba de gente. Menos mal que somos hábiles para hacernos un hueco…

Y la respuesta es sí. Sí que merece la pena hacer todo lo posible por acabar el día en este precioso lugar. Tras un buen rato haciendo fotos, pues no solo son bonitas las vistas desde la muralla de la puesta de sol sino también del pueblo, buscamos un lugar para cenar. No fue fácil.  Estaba todo lleno y, al contrario que en el resto de pueblos, la gente iba muy arreglada.

Finalmente, una ensalada y unas pizzas para compartir, junto con unas cervezas llenaron nuestros estómagos. De postre un helado y camino a la estación.

En dos días nos ha dado tiempo a ver los cinco pueblos de “Cinque Terre”. Sin detenernos en exceso en ellos, pero sin prisa.

atardecer
Atardecer
riomaggiore
Riomaggiore

Día 3. Paseo en barco y Portovenere.

Último trayecto en tren hacia las “Cinque Terre”. De nuevo a la situada más al norte, Monterosso, para coger desde allí el barco que nos daría otra perspectiva de estos encantadores pueblos. Los barcos salen cada hora aproximadamente desde las 9:45 de la mañana. Había distintos tipos de billetes. Nosotras lo cogimos hasta Portovenere y luego con extensión a La Spezia.

Menos en Corniglia, el barco hace parada en todos los pueblos. Como nosotras ya los habíamos visitado, no bajamos en ninguno, solo disfrutábamos (a pesar del calor que hacía) de las vistas desde el mar. Todo de postal.

El trayecto dura casi hora y media si no bajas en ninguna parada. Cuando el barco hizo el último giro hacia Portovenere entendimos el por qué se le llama el sexto pueblo. El puerto es bastante más grande que el del resto de pueblos, pero el encanto es el mismo.

Paseamos un poquito por el pueblo en busca de un lugar donde comer. Nos decidimos por una terraza en la plaza que hay antes de entrar al casco antiguo. Teníamos algo de prisa ya que habíamos contratado una excursión de cuarenta minutos alrededor de un archipiélago cercano al pueblo, que se compone de tres islas: Palmaria, Tino, Tinetto. Estas islas son parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

La excursión cuenta con un audio en inglés e italiano. No entiendo qué les cuesta ponerlo en español también, pero bueno. Tuvimos la suerte de coincidir con unos chicos que hablaban español y nos iban explicando un poquito las cosas que se nos escapaban.

Tras el paseo en barco, volvimos a Portovenere para terminar de ver el pueblo, helado en mano. Subimos hasta la fortaleza, desde donde hay unas bonitas vistas. Sobre las 17:30 volvimos al puerto para coger el último barco del día, hacia la Spezia.

Habíamos reservado para nuestra última noche una mesa en Pepe Nero, lugar que habíamos visto en Internet que tenía buena fama. Y estuvo bastante bien.

Vistas a la entrada de Portovenere
Vistas a la entrada de Portovenere
Portovenere
Portovenere

Y así terminaba nuestra andadura por las “Cinque Terre”, por este país que me tiene enamorada y que raro es el año que no piso… ¿caerá este verano otra vez?

Más Italia.

Cerdeña. Top 5 en playas.

Golfo di Orosei.

About Irene Saiz Olivares

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